Las historias que llevamos con nosotros

Ayer, 12 de septiembre de 2026, tuve la oportunidad de participar en Pathways to Publishing: Expo for Aspiring Authors, celebrado en el Bronx Library Center. Llegué con la intención de escuchar, aprender y conocer a otros escritores. Salí pensando, una vez más, en las historias que llevamos con nosotros y en lo que sucede cuando finalmente decidimos compartirlas.

Uno de los momentos más especiales del día surgió de una conversación con un aspirante a autor puertorriqueño. Muy pronto descubrimos intereses comunes: la preservación de nuestra cultura, la memoria y el poder de contar historias que permitan a nuevas generaciones encontrarse con Puerto Rico. Él trabaja con historias para niños y personajes inspirados en el mundo taíno.

En algún momento comenzamos a hablar de El Cuco. Nos reímos, porque basta mencionar el nombre para despertar recuerdos que muchos puertorriqueños reconocemos inmediatamente. Entonces le conté acerca de mi propia experiencia creciendo en Barrancas, Guayama, rodeado por campos de caña de azúcar y con el mar Caribe marcando el otro extremo de aquel pequeño mundo de mi infancia.

Le hablé también de cómo esos recuerdos terminaron entrando en mi escritura y ayudaron a dar vida a La casa que el fuego no tocaba. No necesité contarle toda la historia. Bastaron unas pocas imágenes: la caña, el mar, las casas, los personajes que parecían pertenecer al paisaje y las historias que los adultos contaban cuando éramos niños.

Su reacción me sorprendió y me alegró. Aquellos pequeños fragmentos despertaron inmediatamente su imaginación. Y mientras conversábamos pensé en algo que está en el corazón de lo que intento hacer como escritor y de lo que estamos construyendo en Madera Ediciones: nuestras historias no necesitan ser enormes para ser importantes. A veces comienzan con un camino, una casa, un nombre que daba miedo cuando éramos niños, una historia familiar repetida durante décadas o el recuerdo de cómo olía la caña después de la lluvia.

Preservar cultura también es preservar esas pequeñas cosas.

Por eso encuentros como Pathways to Publishing importan. No solamente porque reúnen a escritores, editores y personas que buscan distintos caminos hacia la publicación, sino porque crean espacios donde una historia puede reconocer a otra.

Ayer fui al Bronx Library Center como autor y editor. Regresé a casa recordando que antes de cualquiera de esos roles, todos somos personas que llevan historias consigo.

Y algunas de ellas simplemente están esperando que alguien las cuente.