Por qué escribo sobre vidas afroboricuas

Por Luis M. Madera Suárez

Ilustración del ensayo Por qué escribo sobre vidas afroboricuas, con archivos históricos y un paisaje de Guayama.

La gente suele preguntarme por qué escribo sobre la historia afroboricua.

La respuesta más sencilla es que ahí comenzó mi propia búsqueda.

No me propuse convertirme en historiador. Estaba buscando a mi familia.

Esa búsqueda me llevó a registros parroquiales, páginas de censos, testamentos, mapas olvidados, historias orales y recuerdos que comenzaban a desvanecerse, conservados por familiares que entendían que cada generación pierde algo cuando nadie hace las preguntas. Poco a poco, aquellos fragmentos revelaron vidas que rara vez aparecían en las historias que yo había aprendido sobre Puerto Rico.

La mayoría de esas personas no fueron famosas.

Fueron madres que mantuvieron unidas a sus familias después de sufrimientos inimaginables. Padres que trabajaron tierras que no les pertenecían. Pescadores, obreros, cocineras, lavanderas, artesanos, niños, viudas, vecinos y ancianos cuyos nombres sobrevivieron únicamente porque alguien los escribió en un registro parroquial o porque un abuelo o una abuela se negó a permitir que desaparecieran.

Llegué a comprender que la historia no la construyen solamente los gobernadores, los políticos, los generales o los intelectuales célebres. Las naciones también son construidas por personas comunes, cuyos actos cotidianos de amor, sacrificio, fe, resistencia y trabajo dan forma a generaciones que nunca llegarán a conocer.

Ellos también son las madres y los padres de una nación.

Mi escritura se ha concentrado en las vidas afroboricuas porque esas fueron las historias que pude comenzar a recuperar a partir de los documentos que estaban a mi alcance. Pero no contemplo a Puerto Rico desde una sola perspectiva.

Puerto Rico siempre ha sido un lugar de encuentro entre pueblos y culturas. Las raíces africanas, indígenas, españolas, portuguesas, sefardíes, caribeñas y muchas otras han contribuido a formar lo que somos. Algunas historias han sido estudiadas con mayor profundidad que otras. Algunas siguen siendo difíciles de recuperar. Y hay otras que apenas he comenzado a comprender.

Las raíces indígenas de Puerto Rico se encuentran entre aquellas que todavía espero explorar con mayor profundidad. Me acerco a esa historia no como alguien que ya posee las respuestas, sino como alguien deseoso de continuar aprendiendo.

Quizás eso sea lo más honesto que puedo decir sobre mi trabajo.

No intento completar la historia de Puerto Rico.

Intento recuperar las piezas que mi familia me ayudó a encontrar, mientras permanezco abierto a las muchas piezas que todavía me falta descubrir.

Si mis novelas tienen un propósito, no es resolver debates históricos ni defender una sola interpretación de nuestro pasado.

Es escuchar.

Escuchar los archivos.

Escuchar la memoria familiar.

Escuchar los lugares.

Escuchar el silencio.

Y quizás, mediante esa escucha, recordar juntos aquello que ninguno de nosotros podría recuperar por sí solo.